Un gran naturalista olvidado o nuestro mal nacional

el grito desafortunado “¡Que inventen!”, atribuido a Miguel de Unamuno, se cita a menudo como un ejemplo del desprecio por los avances en ciencia y tecnología por parte de las agencias gubernamentales que deberían promover la educación científica y financiar la investigación en ciencia y tecnología. Es cierto que la cita más completa del escritor bilbaíno puede poner en perspectiva su desdén por la ciencia, pero ha quedado como paradigma de la poca atención prestada a la investigación científica y/o al avance tecnológico en la historia nacional reciente. Hago estas reflexiones ante la aparición de los nuevos contenidos curriculares desde primaria hasta bachillerato, en los que irrumpe con fuerza una nueva palabra, encaminada a llenar el aparente vacío en la formación científica y tecnológica del alumnado español (y su autonomía). Me refiero a las siglas STEM, a las que ya hemos dedicado varias “Ciencias Abiertas”.

No repetiré lo ya dicho, aparte de que hay un gran debate en la propia comunidad educativa sobre su verdadero significado y que en todo caso el desarrollo de competencias en ciencias (Ciencias), tecnología, ingeniería (técnico) y las matemáticas son un impulso que nos llega del mundo anglosajónlo que a su vez es superado por el enorme poder que tienen estas disciplinas en los países asiáticos (ver Corea del Sur, Japón y por supuesto China).



Traigo este preámbulo a la educación científica tecnológica nacional, antes de dedicar estas líneas a una figura destacada de la ciencia española de la segunda mitad del siglo XIX. Era una época en la que también había grandes debates al respecto. la necesidad de educar mejor a los jóvenes en materias científicas que venía desarrollándose desde principios del siglo XIX. Toda la segunda mitad del siglo XIX, con sus altibajos de gobiernos moderados y progresistas, revoluciones y repúblicas fallidas, está plagada de intentos poco conocidos de modernizar la docencia y la investigación y de modernizar hitos de las ciencias naturales. Es curioso que los viajes del célebre Alexander von Humboldt se realizaran por tierras del todavía Imperio español en América (entre 1799-1804) y que tras la pérdida de este imperio hacia 1825 se realizaran los mayores viajes al extranjero y expediciones científicas. español en este siglo.

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Así, entre 1862 y 1865 nació la Comisión Científica del Pacífico. Expedición enviada a tierras americanas para obtener muestras de plantas y otros elementos naturales que beneficiaran a la nación. Al final de la expedición destacaría el zoólogo y explorador cartagenero. Marcos Jiménez de la Espada (1831-1898). La expedición se preparó en poco tiempo y encontró muchas dificultades, lo que finalmente llevó a que los miembros de la expedición se dividieran. En 1864 España entró en guerra con Perú y Chile y los barcos de la expedición no pudieron desembarcar en los puertos del Pacífico. Así que Jiménez de la Espada decidió recorrer todo el continente desde Ecuador hasta la desembocadura del Amazonas para salvar la ingente cantidad de material recogido, con el que regresó a España en 1866. hasta 80.000 muestras de todo tipo (Plantas, animales -por ejemplo, hubo hasta 3.500 ejemplares de aves-, piedras y minerales, restos arqueológicos, calaveras, momias, pinturas, etc.) repartidos por el territorio nacional tras una exposición en Madrid.

Los dos principales líderes de la expedición, Patricio María Paz Y fernando amor, no lo terminan; el primero renuncia en 1863 y el segundo muere en el viaje. ellos son asi Francisco de Paula Martínez y Marcos Jiménez de la Espada, que realizan la colosal labor de regresar a España con la mayor parte del material.

A la expedición se sumó el más moderno de la época, dibujante y fotógrafo, Rafael Castro y Ordoñez. Abandonó la expedición en 1865 y fue Jiménez de la Espada quien lo hizo se encarga de la mayoría de las imágenes. Jiménez de la Espada estaba particularmente interesado en los volcanes y escaló varios de ellos en Perú y Ecuador y luego publicó varios trabajos sobre ellos, a los que llamó Montañas de Fuego. Tras este viaje, en gran parte frustrado por las vicisitudes políticas de la época, Jiménez de la Espada realizó una inmensa labor en muy diferentes ámbitos como: la zoología de los mamíferos y batracios. En este grupo, sus obras fueron clásicas hasta bien entrado el siglo XX. En el apogeo de su éxito como naturalista, hoy diríamos zoólogo, decidió reorientarse hacia la geografía y la historia de América. Todas sus investigaciones conducen a cuatro volúmenes sobre el Virreinato del Perú, publicado entre 1881 y 1897, que mereció una medalla del gobierno peruano. En sus últimos años fue reconocido como antropólogo y geógrafo, sin olvidar sus aportes a la zoología. Tras su muerte, la Institución Libre de Enseñanza lo convirtió en un símbolo del intento de renovación de la ciencia española. Otro intento que se diluyó entre las espasmódicas disputas civiles del primer tercio del siglo XX.

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La Expedición del Pacífico encabezada por Jiménez de la Espada fue un ejemplo de buenas intenciones pero mala planificación y baja inversión financiera. Por ejemplo, el fotógrafo Rafael Castro, que se quitó la vida poco después de regresar a España, fue acusado de haber gastado cantidades excesivas de dinero en material fotográfico. Y su regreso a España en noviembre de 1865 lo pagó personalmente el embajador español en Brasil, ya que el gobierno español no había enviado los fondos necesarios para el regreso de la expedición.

Queremos cambiar los tiempos queremos innovar en ciencia y tecnología, queremos que todos nuestros niños y niñas sepan de robots y programación, que sean astronautas, ingenieros, matemáticos, tecnólogos y tecnólogos (supongo que los astronautas no permiten distinción por género, será el del espacio, eso es menos importante), pero me pregunto: ¿cuánto costará esta renovación? , ¿están preparados los docentes responsables de tal mutación?

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