Realidades y desafíos de la fusión del cerebro y la máquina

sábado, 6 de agosto de 2022 | 6:00 am.

Por Liset Menéndez de la Prida Para Theconversation.com

La capacidad de aumentar las capacidades naturales de nuestro cuerpo a través de máquinas ha impulsado a la humanidad desde los albores de la civilización. Sin embargo, nunca antes la tecnología había avanzado lo suficiente como para permitir la integración de máquinas y cerebros de una manera tan estrecha.

Las futuras interfaces cerebro-máquina intentan leer la actividad cerebral y generar modelos conductuales predictivos que pueden usarse para controlar dispositivos externos. El mundo tal como lo conocemos cambiará irreversiblemente. Pero, ¿qué tan disruptivos son estos cambios? ¿Nuestra especie está amenazada como se atreven los transhumanistas, o es solo una nueva revolución tecnológica? Discutiremos la ciencia detrás de las interfaces cerebro-máquina, sus amenazas y oportunidades, e identificaremos las claves que debe adoptar una ética para la nueva era que se avecina.

El proyecto humano consiste en integrar tecnología y cultura en un proceso acumulativo. Somos un ideal en constante evolución. Hasta ahora, el cerebro ha sido el director que imaginó, impulsó y dirigió estos cambios. Hoy en día, la creciente conexión en red del hombre y la máquina está dando un paso gigantesco.

Una interfaz cerebro-máquina (BMI) es un dispositivo que puede descifrar las intenciones humanas al leer la actividad eléctrica del cerebro. Esto se logra creando un circuito cerrado en el que la señal cerebral se acopla a una acción específica.

Este bucle sigue varios pasos. Primero se captura y registra la señal, que luego es procesada por un algoritmo que controla un actuador o brazo robótico como un efector natural (IMC motor) o proporciona información (IMC sensorial). En ambos casos, el ciclo se cierra con la evaluación del sujeto (es decir, su cerebro) del resultado de la operación.

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El cerebro humano consta de más de 85 mil millones de neuronas. Su actividad coordinada permite percibir estímulos y controlar el movimiento del cuerpo, así como habilidades cognitivas complejas como la imaginación, la racionalidad y las emociones. La cantidad de información que procesan y almacenan nuestros cerebros es mayor que la que procesan las computadoras más poderosas de la actualidad. una danza electroquímica gobernada por impulsos iónicos que se propagan a lo largo de extensos circuitos neuronales.

La funcionalidad del cerebro se refina durante el desarrollo y el aprendizaje. Un cerebro nunca es el mismo que era; cambiamos y esto se refleja en la estructura y función del cerebro. Tampoco es posible imaginar el cerebro fuera del cuerpo. Cuerpo y cerebro forman una unidad, un sistema incrustado en su entorno en el que intenta sobrevivir. Cada cerebro humano es único e irrepetible. El cerebro no puede ser reproducido o copiado. El ordenador, en cambio, es apto para masas, se enciende y se apaga sin emoción y vuelve a un estado inicial muy similar al de fábrica.

Con propiedades tan diferentes, es obvio que el cerebro y la máquina no pueden funcionar de la misma manera. Sus procesos, habilidades y formas de acción son tan diferentes que se puede decir que ni el cerebro calcula ni la computadora piensa. Dados los mismos datos de entrada, una computadora siempre devuelve el mismo resultado, lo que no es el caso del cerebro, cuya actividad está influenciada por el contexto. Entonces, mientras que el cerebro es probabilístico, la computadora es fundamentalmente determinista. Con los sistemas BMI, el cerebro y la máquina deben aprender a usar el uno al otro.

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En resumen, el cerebro y una computadora son radicalmente diferentes, aunque a menudo se los compara. Esta confusión puede provenir de la tendencia a atribuir caracteres humanos a objetos inanimados, lo que lleva a la ambigüedad en el uso de términos como pensamiento, inteligencia y conciencia.

El movimiento transhumanista afirma que al ritmo de los avances de las tecnologías disruptivas actuales, en particular la inteligencia artificial y la robótica, nos acercamos a una singularidad. En este punto sitúan el surgimiento de una superinteligencia que alterará a la humanidad o la reemplazará por una nueva realidad. Aunque esta suposición parece ignorar la dependencia energética de cada tecnología y su falta de autonomía replicativa, vale la pena comprobar sus predicciones.

Los escenarios propuestos parecen representar un futuro distópico gobernado por seres extraños, ya sean máquinas con una poderosa inteligencia o seres híbridos. La predicción va desde suposiciones radicales como la extinción de nuestra especie hasta la coexistencia pacífica y feliz de máquinas y posthumanos, pasando por numerosas complicaciones socioeconómicas y culturales de un mundo cada vez más mecanizado.

¿Qué tan irreversible es este escenario? Toda revolución tecnológica trae consigo cambios tan rápidos y profundos que obligan a un escrutinio moral. Si bien históricamente se ha intentado fundamentar la ética sobre una base sólida y perdurable (ya sea religiosa, filosófica o política), cada etapa de la civilización ha obligado al reajuste de los valores que nos hemos dado a nosotros mismos.

Una ética ligada a la ciencia y la tecnología debe caracterizarse inevitablemente por su racionalidad. Dado que no existen bases en las que apoyarse para comprender lo desconocido, el consenso debe partir de un diálogo activo y reflexionado, informado y ponderado. Esto requiere fomentar una mente crítica compartida. Es la sociedad en su conjunto la que debe definir las reglas de actuación colectiva, buscando un acuerdo que necesariamente respete la visión de las minorías sin perder su vocación universal, ya que cualquier tecnología disruptiva muy fácilmente se expande y globaliza.

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Estas características éticas (relativismo, consenso, racionalidad y universalidad) serán necesarias para superar los riesgos inherentes a una tecnología tan fundamentalmente disruptiva como las interfaces cerebro-máquina. La primatóloga Jean Goodall nos recuerda: “La tecnología por sí sola no es suficiente; Tienes que poner tu corazón en ello”.

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