Pedagogía: entre la ciencia y el conocimiento

La discusión sobre ciencia, tecnología e innovación no debe limitarse a cuántos recursos está dedicando el actual gobierno a este fin. Hay que discutir qué tipo de ciencia se debe promover y qué tecnología e innovaciones necesita el país hoy. Afortunadamente, un debate está en la agenda gracias al documento “Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI) para una vida buena, una vida sabrosa y el ejercicio efectivo de una democracia multicolor”, elaborado por la campaña de Gustavo Petro y Francia en Márquez mayo de 2022 y cuestionado por Moisés Wasserman en su columna periodística tiempo, donde cuestionó la noción de injusticia epistémica allí defendida. Desde entonces, muchos otros académicos, líderes de opinión y políticos se han pronunciado a favor y en contra de una u otra posición.

No entraré en el debate en sí, prefiriendo usarlo para introducir un elemento que normalmente no se considera en ninguna de las posiciones epistemológicas en discusión. Se trata de la cuestión de la relación entre educación y ciencia y la relación entre educación y conocimiento.

Si hay un campo intelectual que necesita reflexionar profundamente sobre cómo se produce, difunde y transforma el conocimiento es la pedagogía, ya que su tarea es apropiarse y producir lo que se considera social e históricamente relevante, para permitir la entrada al mundo de nuevas generaciones. Hablo de la relación entre pedagogía y ciencia en algunas áreas del currículo; Pero por la escuela no solo pasan contenidos científicos, sino también otras formas de expresión del conocimiento, como el arte, el deporte, la sexualidad, la democracia, la ética y cada vez más los saberes tradicionales y las culturas populares. A esto me refiero cuando hablo de la relación entre pedagogía y conocimiento.

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En el debate anterior, para algunos, la ciencia es una forma de saber más que alcanza un umbral epistemológico pero que no compite con las que conducen a un umbral estético, ético o político. La pedagogía entra en este apasionante juego de cuestionar lo que cuenta como verdadero, justo o bello para llevarlo a otro campo de batalla que es la escuela. Aquí es donde los profesores necesitan tener la inteligencia para decidir qué enseñar y cómo. En relación a los lineamientos curriculares oficiales, por supuesto, que hoy se traducen en estándares, competencias y más recientemente en Derechos Básicos de Aprendizaje. Relación que crea una gran tensión, ya que cada una de estas formas de regular el conocimiento encarna un compromiso con lo que se considera válido y necesario para la enseñanza, y esta no es sólo una cuestión técnica o metodológica, sino también política.

Esta tarea es enormemente compleja. Para permitir que las nuevas generaciones accedan al mundo de los saberes y de las tradiciones, para pasar del mundo de la vida al mundo codificado, mediadas por lenguas en principio ajenas al entorno inmediato en el que crecen los niños y los jóvenes, La es tarea de docentes que se reúnen todos los días en un espacio y tiempo llamado escuela, también regulado y mediado por una gramática construida en medio de inclinaciones, debates epistemológicos y política.

Este debate sobre la legitimidad de una forma u otra de producción de conocimiento es bienvenido por quienes estamos involucrados en el campo de la pedagogía porque nos ayuda a discernir inteligentemente cómo presentaremos el mundo a los recién llegados. Los educadores nos encontramos en medio de estas intrigantes interrogantes, y las procesamos con las herramientas que nos brinda la pedagogía, en sus diversas tradiciones y didácticas, que nos ayudan a precisar la singularidad metodológica que requiere cada tipo de saber para poder adquirir de los aprendices… y los estudiantes. Cuestionar el origen de este saber, el umbral en el que se encuentra, y recrearlo de manera accesible a las diferentes edades y contextos culturales de sus alumnos, en diálogo con sus propios imaginarios, intereses y culturas, todo eso es nuestro objetivo Do docentes, a veces en medio de realidades muy duras, en medio de condiciones precarias ya veces incluso violentas. La inteligencia de nuestra misión docente radica en descifrar qué es necesario y relevante enseñar en estos contextos, cómo y por qué. No es poca cosa.

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Por ello, esperamos que el debate sobre las políticas de ciencia, tecnología e innovación sirva para apreciar la exigente labor intelectual que conlleva la profesión docente. Desafortunadamente, este trabajo se compara con el de un oficio mecánico, que simplifica un mensaje para transmitirlo de manera amigable. Por eso se habla de la educación vial, de la constitución, de los impuestos, de los derechos humanos, etc., como si fuera un mero ejercicio de traducción. En este caso, no sería necesaria una carrera profesional.

La Universidad Pedagógica Nacional tiene la oportunidad de acercar al sistema de formación docente colombiano a la difícil tarea de cambiar estos imaginarios; y allí este sistema se vuelve poderoso y rico, porque se trata nada más y nada menos que de formar a esos intelectuales que acompañarán a los menores en su viaje a mundos complejos y desconocidos, para que alcancen su estado de ciudadanos capaces de decodificar y de intervenir mundo.

Rector, Universidad Pedagógica Nacional

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