Conozca la historia de dos mujeres que no se dieron por vencidas y siguieron carreras en tecnología | noticias


Por: Ítalo Vergara

El Instituto Tecnológico Superior Público Carlos Cueto Fernandini de Comas volvió a las clases presenciales el pasado lunes 13 de mayo, luego de casi dos años de estudios virtuales por la pandemia del Covid-19. Como centro público de estudios, el lugar apuesta por la formación de hombres y mujeres en profesiones técnicas en las áreas de contabilidad, electrónica, informática, mecánica y metalurgia, entre otras.

Por este motivo presentamos la historia de dos mujeres que estudian en el instituto y que, a pesar de las circunstancias adversas, pudieron seguir persiguiendo sus metas por un futuro mejor para ellos y sus familias.

Angie Cruz, la estudiante que nunca se rindió

Angie Cruz Bustamante es una joven de 23 años que actualmente estudia Informática en el Instituto Cueto Fernandini. Señala que allí todos forman parte de una gran familia, ya que existe una relación muy estrecha entre alumnos, profesores y personal administrativo. “Siempre hay apoyo mutuo”, dice Angie Cruz Agencia Hacia. Sin embargo, el comienzo de su carrera no fue fácil.

Cruz señala que lo fue antes de iniciar sus estudios no tenia medios economicos. Acababa de graduarse de la escuela y estaba buscando un lugar en la universidad, aunque sabía que carecía de un apoyo financiero estable. “Empecé a trabajar, pero no me pagaban lo suficiente”, recuerda.

En su barrio del norte de Lima, miraba los boletines del instituto sin mucho interés hasta que un día tomó la decisión de ir a la universidad. Habló con su madre, quien lo apoyó emocional y económicamente. Fue ella quien lo ayudó en 2019 a pagar la cuota de admisión para ingresar al centro universitario. “Sin embargo, todavía tenía que seguir trabajando para pagar los boletos y mantener a mi familia de una forma u otra”, dice.

Desafortunadamente, no pudo entrar la primera vez porque trabajaba hasta las 2 am. Tuvo que ir al CEPRE a estudiar a las 7 de la mañana, muy cansada y con menos de cinco horas de sueño. “No me podía concentrar y era muy difícil trabajar y estudiar al mismo tiempo. No lograba aprobar, me ponía muy triste y lloraba mucho”.

Sin embargo, su objetivo era estudiar y nada lo haría cambiar de opinión. Consiguió dos trabajos: vendiendo cosméticos por las mañanas y trabajando en una tienda de alquiler de ropa por las tardes. Sabía que solo obtendría el apoyo financiero de su madre una vez. el segundo intento fue valido soloprincipios de 2020.

Un día llegó a casa y le dijo a su mamá: “Mamá, estoy inscrito”. Ella, como no podía ser de otra manera, estaba muy feliz. “Entré, me esforcé mucho, trabajé para pagar mis boletos o para comer algo porque estaba fuera de 7 a 20 horas”, recuerda.

Angie revela que estaba muy emocionada de estudiar en una universidad pública porque también sabía que el lugar se le ofrecería a jóvenes que, como ella, carecen de recursos suficientes. En realidad, la inversión es mínima, con pagos mensuales asequibles. “Afortunadamente, no hago ningún pago mensual porque estoy en primer lugar‘, dice orgullosa.

Sin embargo, las dificultades no terminaron con su ingreso al centro de estudios. Angie agrega que para el primer ciclo le pidieron que tuviera programas y aplicaciones livianos y de fácil acceso. Pero para el segundo ciclo, a medida que los cursos aumentaron en intensidad, también lo hicieron las exigencias. Su computadora tenía memoria insuficiente y un procesador que era demasiado viejo para ejecutar ciertos programas.

See also  Las estrellas moribundas pueden sembrar el medio interestelar con nanotubos: astrónomos

Entonces, usando su ingenio y la ayuda de un compañero de clase, accedió a su computadora de forma remota. “Tomé una captura de pantalla de cada paso que di. Luego lo puse todo en una presentación de PowerPoint, foto por foto y con flechas para mostrar paso a paso lo que hice”, dice.

Como si eso no fuera suficiente, la pantalla del teléfono que estaba usando para acceder a las clases virtuales finalmente se rompió. “Solía ​​trabajar con un pequeño teléfono táctil, pero un día simplemente la pantalla se puso negra. Este teléfono era mi micrófono y mi cámara, así que traté de tomar capturas de pantalla, conectar el teléfono a la PC y ver las capturas de pantalla en la pantalla de la computadora”.

Haga clic en él, tome una foto, haga clic en él, etc. Entonces Angie tuvo que estudiar todo el semestre solo siguiendo un punto de esmalte que ella misma pintó en el botón donde estaba el micrófono. Cuando terminó este ciclo lloré de emoción y alegría: A pesar de las dificultades, volvió a ocupar el primer lugar. “Abracé a mi mamá y me agradecí por no rendirme”, dice.

En ciclos posteriores, Angie intercambió partes de su PC para poder instalar las cada vez más extensas aplicaciones de escritorio requeridas para los cursos.

Ahora, a unos meses de terminar sus estudios, la estudiante dice que no ha pensado en rendirse. “No me gustan las excusas, busco soluciones más que excusas porque tengo mucha esperanza”, dice, recordando su etapa en la primaria y lo difícil que fue. “En la escuela primaria, llegué tarde dos veces porque tenía mala salud y no tenía mucho tiempo en casa. Me enfermaba, muchas veces no iba a la escuela, los profesores me trataban muy mal y a veces ni quería ir a clase”, cuenta.

Incluso recuerda que un día faltó tanto a clase que cuando regresó, la maestra le dijo: “¿Por qué estás aquí ahora?”. ella solo tenia siete años y esta actitud la asustó mucho y la desmotivó aún más. “A mi mamá le dijeron que no sabía leer ni escribir y me retrasaron un año. La maestra ni siquiera quería enseñarme”, dice ella. Afortunadamente, su madre luchó para financiar una escuela privada donde la trataron muy bien y tuvieron la paciencia que todo niño merece.

See also  Un estudio sugiere que los ojos pueden ser importantes para diagnosticar el autismo y el TDAH
“Estoy muy orgullosa de mí misma… Quiero seguir estudiando y aprender más sobre mi carrera. Quiero montar mi propio negocio, enseñar a los niños, intentar aprender y entender lo que les pasa, porque a veces al profesor le importa poco lo que pasa en casa, la situación de cada alumno”, concluye muy conmovida por los suyos. historia y todo lo bueno que ha logrado hasta ahora.

Ser madre no tiene por qué ser un obstáculo

Morelia Chávez Jorge Tiene 27 años y estudia Ingeniería Industrial Eléctrica en el Instituto Cueto. Su carrera ha consistido en reparar e instalar transformadores, voltajes y corrientes; cómo rebobinar motobombas; hacer planos para la conexión eléctrica en las casas; entre otros.

Uno de los motivos que la motivó a estudiar fue el factor económico, que se agravó con la pandemia del Covid-19. “Yo también quería saber más sobre la electricidad y cómo arreglar las cosas de la casa”, dice Morelia Chávez a la dem. Agencia Hacia.

Además, admite que sus hijos fueron otro gran motivo ya que sus padres siempre le enseñaron a trabajar y no depender de los demás. “He visto trabajar a mi pareja, pero no teníamos suficiente dineropor eso opté por estudiar para lograr mis metas y velar por el bienestar de mis hijos y familia”, dice.

Cuando Morelia comenzó la escuela secundaria, pensó que sería fácil; pero no: tuvo que renunciar a ciertos compromisos, no se las arreglaba bien con las materias de estudio y encima sus hijos estudiaban con el único móvil que tenían.

“Tenía que cuidar a mis hijos por la noche cuando mi pareja estaba trabajando. Intentamos usar el celular a pesar de que no teníamos las herramientas que pedían. Pensé que solo querían un teléfono, pero también se necesitaba una computadora portátil. La primera ronda fue un poco difícil, aunque aprobé de todos modos”, enfatiza.

El segundo semestre también fue difícil, pero no tanto como el primero. Ahora en su tercer ciclo, destaca que todo va mejor que antes. A pesar de todo se lleva muy bien con sus compañeros la única mujer en la carrera.

Sin embargo, los proyectos, trabajos y clases no son fáciles ya que requieren un alto nivel de concentración. Sus hijos, que son responsabilidades muy exigentes, la obligan a trabajar más duro que cualquier otro estudiante. Su día a día puede ser muy ocupado, pero su pareja también se ocupa de los niños, los cuida y hace las tareas del hogar, como debe ser cualquier relación que funcione.

“El día que estudio viene más temprano porque se tiene que quedar con mi hijo y yo me tengo que quedar con mi otro hijo. Los dos nos ayudamos. Ve lo que hacemos las mujeres, cuántas cosas, cuántas responsabilidades. A veces dice que no puede, pero así las mujeres, que nos dedicamos a mil cosas, tenemos que esforzarnos y sacar fuerzas de donde sea”, dice.

Morelia admite que a veces siente que la responsabilidad está más allá de ella. Sucedió en su segundo semestre cuando estaba a punto de “tirar la toalla”. Sin embargo, ver a sus hijos y a su madre la motivó a seguir adelante a pesar del machismo en el barrio.

“Les conté a mis vecinos sobre mi amor por el aprendizaje y me dijeron que no podía ir a la universidad porque perdería el enfoque en mis hijos”, dice. Incluso le pidieron que esperara a que sus hijos de 7, 4 y 2 años fueran mayores. “Dejé de estudiar, vi crecer a mis hijos, pero a mí no”.

See also  Conacyt elimina incentivos a la ciencia

Por eso ignoró estos comentarios, pero tuvo el coraje de aprender sin importar lo que digan. Porque un título no solo la beneficiaría a ella, sino también a sus hijos. “Hay gente que no quiere que estudies. Piensan que se supone que las mujeres solo deben estar en casa, pero Las mujeres también tienen derecho a lograr sus objetivos. Hay gente que me pregunta por qué estudio electricidad, creen que es una profesión sólo para hombres. No más machismo”, enfatiza.

“Le diría a las mujeres que luchen por lograr sus objetivos. Si tu pareja no quiere que estudies ni trabajes es porque no te aprecia, no te quiere. No solo hazlo por tihazlo por tus hijos Si tienes hijos, hazlo por ellos porque nunca tienes que depender de un marido”, concluye Morelia, convencida de que tomó la decisión correcta, alejada de los prejuicios y estereotipos que hoy creen que cientos de mujeres y niñas obligan a no seguir. Sus sueños. .

Este 23 de junio marca el Día Internacional de la Mujer en la Ingenieríauna fecha que conmemora la importancia de la participación de la mujer en carreras relacionadas con la ciencia, la tecnología y la innovación, tanto a nivel técnico como universitario.

Publicado: 22/06/2022


Leave a Comment