Científicos precarios se organizan para espacios alternativos

Tras ser expulsado de los transportistas sin justificación Consejo Nacional de Ciencia y Tecnologíamás de 250 científicos de todo el país están creando Red por la Dignidad de la Investigación Científicacon los que no solo buscan puestos de investigación, sino que sacuden las estructuras académicas hasta sus cimientos.

“La indignación es lo que nos une, venimos de campos de conocimiento muy diferentes y ciertamente tenemos ideologías diferentes, somos un grupo muy plural, indignados por la falta de oportunidades laborales y por la falta de seriedad de las instituciones”, dice Socorro Aguilar. , biólogo de formación , con maestría en ciencias naturales y doctorado en investigación educativa.

Su indignación no sólo quedó expresada en una carta que entregaron al Conacyt, a la presidencia de la república ya las dos cámaras del Congreso de la Unión. También patrocinó un foro virtual que se llevó a cabo entre el 14 y el 17 de junio, donde no solo compartieron experiencias y frustraciones de un sistema académico que les dio becas para la educación, sino que no les da futuro más allá de los títulos.

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La red está preparando varias acciones en su agenda, tales como: B. crear un mapa de la violencia académica en México que también podría ser escalado para realizar una investigación; un centro de innovación y una red para validar su conocimiento fuera de las instituciones académicas.

“Hubo un momento en el foro cuando los científicos comenzaron a compartir muchos recursos de colegas de diferentes grupos. Entonces estamos pensando en algo para todos con todos y entre todos, una red para crear una estructura más sistémica, la idea es un centro de innovación y emprendimiento donde haya transferencia y vinculación de tecnología”.

Raúl Espinal, ingeniero con doctorado en el uso del hidrógeno como combustible.

Jimena Guerrero, especialista en bioinformática, explica que la idea del nodo es conectar a compañeros que tienen o están emprendiendo un negocio con otros para compartir sus experiencias y ayudarlos a replicarlas.

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“No solo eso”, agrega Socorro Aguilar, “sino legitimar una generación académica joven que no está atada a una institución. Soy hija del estado desde que me gradué, pude estudiar gracias al estado, y de repente no tengo que buscar otra cosa que seguir buscando becas y postulando”.

Socorro sufre una de las muchas formas de violencia que encontraron en el foro. Para desarrollar la investigación científica, la contratan como asistente con un contrato administrativo en lugar de un contrato de docencia o investigación en una universidad pública, una forma de subcontratación, dice.

“Apliqué a la convocatoria del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), cumplí con todos los criterios y me gusto miles. Docencia, capítulos de libros, divulgación. Una vez que completas todo te dan un premio (del SNI) que te permite ser más competitivo, pero como no tengo contrato académico con una institución no me dan ningún dinero de apoyo.

Socorro Aguilar, profesora de ciencias y doctora en investigación educativa.

Tal como explicaron los científicos en la entrevista, el sistema científico en México obedece a publicaciones, pero para llevarlas a cabo requiere de financiamiento, que puede provenir de los impulsos del SNI o de las universidades, a mayor financiamiento, más publicaciones científicas, creando un Se crea un círculo vicioso, subrayan, que excluye a muchos. como Socorro, quien, a pesar de su labor académica, que está incluida en las estadísticas de producción científica de la universidad donde trabaja, recibe un salario equivalente al de una persona cuyo oficio, como ella misma dice, consiste en hacer fotocopias.

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Al igual que estos científicos, la mayoría de los miembros de la red tienen entre 30 y 40 años, una edad en la que la academia ya debería tenerlos arraigados en un campo de trabajo, pero al igual que miles permanecen al margen.

“Necesitábamos escuchar la historia de un niño que fue a Harvard para un posdoctorado, regresó a México y vivió en la casa de sus padres y fue tutor de niños de su barrio. Así sobrevivió”, dice Socorro.

Además de resaltar este eje de emprendimiento y validarlo, muchas horas durante el foro se dedicaron a la cuestión psicológica y emocional que impregna a estos científicos.

“Un colega -un postdoctorado que acorde con su formación no ha encontrado un puesto de investigación ni ningún otro trabajo- se divorció, sufrió una profunda depresión, son cosas que mueven mucho, temas muy sensibles que no se abordan”.

Por eso, tras una encuesta entre los miembros de la red, planean un mapeo participativo de las violencias e injusticias académicas que han vivido, que pretenden publicar en una plataforma digital donde quienes lo deseen puedan compartir sus experiencias. Será un espacio no solo para visibilizar estas dolencias, sino también para sistematizarlas y tratarlas.

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“Soy humano y un ingeniero frustrado”, dice Raúl Espinal. “Eso me hizo querer encontrar más gente como yo y me doy cuenta de que somos muchos. Por eso formamos esta red donde hacemos cosas positivas, trabajamos, producimos, construimos una nueva opción”.

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